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En ambientes con humo, niños más enfermos

La exposición al humo del tabaco, tanto durante el embarazo como en la infancia, es muy perjudicial para los niños. De hecho, los hijos de madres que fuman durante la gestación tienen una mayor riesgo de tener un bajo peso al nacer y de sufrir enfermedades respiratorias pulmonares durante los dos primeros años de vida. Además, como recuerda la Asociación Española de Pediatría, fumar durante el embarazo es un factor que aumenta la probabilidad de síndrome de muerte súbita del lactante.

En el caso de los niños, el tabaquismo pasivo se ha asociado a un incremento de numerosas enfermedades. Y es que, según subraya el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, los menores son especialmente vulnerables al llamado humo de segunda mano, puesto que están en pleno desarrollo y, además, respiran más rápido, lo que hace que inhalen mayor cantidad de sustancias tóxicas del tabaco.

Algunos de los efectos inmediatos que padecen los fumadores involuntarios son irritación ocular, dolor de cabeza, tos, dolor de garganta, estornudos, irritación nasal, dificultad respiratoria, mareos y náuseas.

Pero más allá de estos signos, la exposición infantil al humo del tabaco incrementa las probabilidades de que los niños desarrollen bronquitis, asma, pulmonía, meningitis, cólicos, infecciones del oído y de otro tipo, además de causar síntomas más severos y frecuentes en niños asmáticos. El asma es una causa importante de enfermedad crónica en menores, y el tabaquismo pasivo se relaciona con su desarrollo y con un agravamiento de las crisis.

Enfermedades respiratorias e infecciones de oído

Asimismo, y teniendo en cuenta que durante la infancia se completa el desarrollo de los pulmones, éste se ve seriamente afectado por el humo de segunda mano y el consiguiente aumento de los niveles de monóxido de carbono. La consecuencia es que se agravan los síntomas de alergias y aumenta el riesgo de enfermedades respiratorias, como la bronquitis o la neumonía, dolencias ya comunes en los más pequeños.

Por otro lado, el consumo de tabaco en presencia de menores puede producir infecciones en el oído medio, lo que puede llevar a una pérdida temporal de la capacidad auditiva, susceptible de ser permanente en los casos crónicos.

De igual forma, el tabaquismo pasivo en la población infantil genera un índice más elevado de absentismo escolar y un mayor riesgo de que los niños sean fumadores cuando crezcan, lo que implica un incremento de las posibilidades de padecer problemas de salud a corto y largo plazo.

Por si esto fuera poco, la exposición de los niños al humo del tabaco se ha asociado a la aparición de problemas neuroconductuales, como el trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Además, diversos estudios han puesto de manifiesto que fumar durante la adolescencia puede asociarse a otras conductas de riesgo, ya que existen indicios de que en estos menores aumentan las probabilidades de que consuman alcohol o incurran en conductas sexuales de riesgo.

Imagen: pixabay.com

Eva Cañas

Eva Cañas

Periodista por vocación. Me gusta contar cosas, y si ayudas a alguien con ello, mucho mejor.
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