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La dieta y el rendimiento escolar

Las relaciones entre la alimentación y el funcionamiento del cerebro están recibiendo mucha atención por parte de la comunidad científica. El desarrollo y las funciones del cerebro dependen de la disponibilidad de nutrientes, por lo que la alimentación en la población infanto-juvenil adquiere una especial relevancia, según apuntan desde el Libro Blanco de la Nutrición Infantil.

El cerebro sintetiza los nutrientes necesarios para la comunicación entre las células nerviosas a partir de los aminoácidos disponibles en la sangre, que en buena parte dependen de la ingesta de proteínas. Los carbohidratos en cereales, frutas y verduras -también las legumbres, fuente de proteínas-proporcionan glucosa, que es la fuente de energía para el cerebro. Los niveles bajos de glucosa pueden causar mareos y confusión mental, deteriorando la función cognitiva. El consumo de dietas ricas en carbohidratos se relaciona con situaciones de calma y relax mediante la liberación de serotonina, y su efecto sobre los estados de ánimo.

El cerebro contiene un 60% de grasa, y algunas actúan como moléculas señal que ayudan al control de los estados de ánimo. Los ácidos grasos omega-3 (pescados, frutos secos) son muy importantes para una función óptica del cerebro y su carencia puede conllevar depresión, mala memoria, bajo coeficiente intelectual, problemas en el aprendizaje, dislexia y trastorno por déficit de atención.

El funcionamiento del cerebro

Las vitaminas y minerales son importantes para el funcionamiento del cerebro, sobre todo las vitaminas A, C, E y las del complejo B. El manganeso y el magnesio son dos minerales esenciales para el cerebro. Asimismo, el sodio, el potasio y el calcio participan en la transmisión de señales y en los procesos relacionados con el pensamiento.

En el estudio enKid se puso de manifiesto la mala calidad de la dieta en escolares de España, señalando que sólo el 29% cumplía  los requisitos de una dieta saludable. A esto hay que añadir las altas tasas de sobrepeso y obesidad, de 24% y 11%, respectivamente, en niños españoles del estudio Aladino. En población de 8 a 17 años, la pevalencia es similar, lo que indica que aproximadamente cuatro de cada 10 escolares tiene exceso de peso, un factor de riesgo cardiovascular más frecuente en familias con niveles socioeconómicos y educativos más bajos.

La falta de proteínas, también conocida como malnutrición proteica, conduce a un bajo rendimiento escolar causando letargo, ausencia y pasividad, lo que afecta negativamente al desarrollo social, emocional y cognitivo de los niños. Tambien hay evidencia entre la omisión del desayuno y un menor rendimiento escolar. La ingesta del mismo puede modular las tareas cognitivas y relacionadas con el aprovechamiento en la escuela.

Los pediatras insisten en este Libro Blanco de la Nutrición Infantil en que el desayuno diario en el niño escolar debe ser variado y equilibrado, debe incluir alimentos de los tres grupos: proteínas, cereales y frutas para favorecer el rendimiento escolar. El ambiente familiar y el escolar deben favorecer esta conducta alimentaria tan necesaria para garantizar el crecimiento y mantener la salud en la población escolar.

Fuente de la imagen: Pixabay

Eva Cañas

Eva Cañas

Periodista por vocación. Me gusta contar cosas, y si ayudas a alguien con ello, mucho mejor.
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