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Cómo actuar frente a una rabieta

Qué padre no ha sufrido una rabieta de su hijo, en especial a partir de los dos años de edad. Es una situación que no es sencilla de controlar y desespera cuando esa actitud se repite a menudo. Con la rabieta, el niño llora, grita, patalea e incluso golpea lo que tiene a su alrededor o a sí mismo. Son frecuentes en la infancia, especialmente entre los dos y los cuatro años, y corresponden a una manifestación del malestar y la desilusión que siente el niño al no conseguir lo que desea.

Desde la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), los pediatras Beatriz Bernardino, Concepción Bonet y Ricardo Recuero aportan ciertas claves para saber cómo controlar las temidas rabietas. ¿Por qué se producen? Estos especialistas recuerdan que a partir de los dos años, los niños empiezan a ser conscientes de su identidad y autonomía y buscan su independencia. Pero a esa edad, apuntan, su lenguaje verbal aún es insuficiente para expresar lo que sienten al ser frustrados.

“La manipulación es una destreza básica y los niños (si se lo permitimos) aprenden desde muy pequeños que llorar y comportarse mal, conlleva conseguir lo que desea”, subrayan estos pediatras. Además, hay factores que favorecen la aparición de rabietas: hambre, sed, cansancio, sueño o aburrimiento.

Cómo prevenirlas

Estos integrantes de la AEPap insisten en que las rabietas forman parte del desarrollo normal del niño y son una gran oportunidad para enseñarles formas adecuadas de resolver el conflicto. Para prevenirlas hay que evitar las situaciones y circunstancias que puedan facilitar su aparición. Si son ineludibles (a la hora del baño, de guardar los juguetes, vestirse, etc.), establecer una rutina desde pequeños, ayudará a que lo hagan sin protestar. Estos pediatras creen que hay que reforzar los buenos comportamientos, especialmente si en ocasiones similares no supo controlar su mal genio. “Hay que hacer énfasis en que aprendan la forma adecuada de actuar y que no van a conseguir las cosas a base de pataleta”, determinan.

Y cuando llega la rabieta, aconsejan a los padres mantenerse firme, no regañar ni gritar al niño. “Hay que tener una gran fortaleza, serenidad y paciente”, describen. En ese momento no servirá de nada intentar razonar con él y no se debe conceder lo que pide, ya que se reforzará la idea de que es esa la manera de conseguir las cosas, ni responder a un chantaje. Para estos especialistas, retirarle la atención será una de las formas más efectivas de hacerle recapacitar.

Estos pediatras sugieren darle un ‘tiempo de aislamiento’, llevándole a una habitación tranquila, donde no reciba refuerzo ni estímulos, para que se calme (se recomienda un minuto por cada año de edad). Cuando el enfado haya terminado, hablar con él, sin gritarle ni castigarle, explicándole que esas conductas no son aceptables. Una reacción de decepción ante su mala conducta es más efectiva que la ira.

Fuente de la imagen: Morguefile.com

Eva Cañas

Eva Cañas

Periodista por vocación. Me gusta contar cosas, y si ayudas a alguien con ello, mucho mejor.
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